martes, 28 de abril de 2009

Des-pedida-s

En la Isla del Medio hemos perdido un partido importante. Por eso celebramos.

Fueron colores del comienzo que se unieron, luego se cortaron, sangraron y ahora son un arcoiris rojo. Como unos lunettes que se partieron, y ahora estamos obligados a ver el sol todos los días, y todas las noches. La luna está guardada en un cajón lleno de estrellas: a veces lo abrimos, nos paramos en mitad de la calle y empezamos a delirar.

Pero antes le tocó a A, que deja un vacío en forma de pez. Matarlo fue como verlo muerto. O era lo contrario... (sólo sé que me prometiste que sanearía, y fue la única vez en que te tomé en serio). Ahora juega al parchís con la sombra perruna de Muça, pero ella suele ganar, pues tiene 4 patas y una cola. Ventajas de la naturaleza...

En nuestra búsqueda continua de la verdad absoluta, de los number one, analizamos los bolsillos y vemos que ya los cascos no funcionan, que el cacharro no arranca y que lamadrequeloparió.


Sin embargo, aún no nos hemos dado cuenta de que todo esto nos obliga felizmente a:


  • volar, comprar dos tortuguitas de tierra y traerlas acá en el sujetador
  • trenear, coger ese bus e ir a comer de nuevo buti y pan amb tumaquet
  • ir a ese concierto y cantarlo todo todito
  • cambiar de estilo para ser siempre nosotros mismos, siempre diferentes
  • di-vertir-nos

Pero... lo dejo en tus manos: yo me voy a visitar otra Isla acá cerquita, mientras elegimos otro lugar, otra comida, otro sueño. Te veo en el océano, cometa.

lunes, 27 de abril de 2009

Vía del Campo

a Marcello, que cada día me regala un trozo de su existencia

Y finalmente llegó ella. Llevaba 19 años esperándo a que apareciera, y se escondía de mí, equivocándose día tras día, minuto tras minuto. Con un segundo fue suficiente.
A mí también me gusta el silencio, a veces. Cuando subo las escaleras hasta mi último piso, en este edificio nuevo en el que me encarcelé, lo único que quiero oír es el ruido de mis pasos y mi hija que me dice "Papá, espérame". La próxima vez será dentro de 3 días, y hasta entonces sólo puedo esperar sus vibraciones... y mi hijo, quién sabe cómo me mirará. A veces no soporto sus ojos sobre mí, me hacen sentir culpable de un asesinato que yo no cometí.
Sin embargo, ya se ha pasado el tiempo de los remordimientos, de los intentos, de los platos rotos. Porque cuando cambias de punto de vista, ves un arcoiris, y entonces la mente hace click. Como su cámara de fotos.

La lluvia golpeaba con fuerza la claraboya, justo encima de mi cama, e la altura de lo abuhardillado. Como si alguien me hubiera inyectado color, me levanté y vi que mi cuerpo se había hecho más líquido, como en una animación de Miyazaki. Me sentí hombre, animal, padre, amigo, pen friend, coordinador, socio, ex, fumador. Y cocinero.

Pelé 5 patatas y las eché, junto con las judías verdes alargadas, en una olla con agua salada hirviendo. Conté todas las burbujas que explotaban bajo mis ojos, y cuando llegué a tres miliones doscientos doce mil ciento ventiuno, escurrí todo y puse las verduras en un cuenco. Con una cuchara bien pesada empecé a machacar las judías hasta que se hicieron hilo debajo de mi fuerza, y las patatas se convirtieron en puré sólido. Quedaba un huevo en la nevera: lo maté y lo usé en esa masa vegetal, junto con jamón york picadísimo, parmesán generoso, orégano y un charquito de leche. Tiré el cucharón por la ventana, di a mis manos el comando y empecé a amasar todo, con pasión, rabia y calma. En una fuente rectangular de metal, aceitada previamente, vertí todo ese contenido y con un tenedor empecé a dibujar un jardín zen por encima. Su nombre salió perfecto. Esparcí pan rayado y horneé a 220º. Tras 20 minutos, sonó el timbre.

Era la primera vez que sus piernas entraban en mi espacio privado. Todo fue tan espontáneo, como si fuera natural recogernos las lágrimas mútuamente y que desaparecieran, beso tras beso.

Necesitaba más tiempo de reacción, por eso le serví un vino y le dije: aún no empecé con la pasta... ella, rompiendo cualquier esquema, me había traído tres flores, una para cada una de mis sangres.

Mientras me hablaba normalmente de sus días atrás, yo cogí un puerro y lo corté en rodajas finísimas y las eché a una sartén con aceite. A ponerse rubias, niñas. Por otro lado, cocí las tagliatelle all'uovo, que había comprado el día anterior en la tienda de Pasta Fresca de la calle Génova. En cuanto subieron a la superficie del agua, las escurrí y las eché a la sartén donde las esperaba el puerro, y eché nata espesa y pimienta negra. Removí todo a fuego muy lento para que la nata no perdiera su consistencia.
Saqué el perejil fresco y picado de la nevera, dibujé un corazón verde en el plato y serví, al centro, la pasta fumante. Estaba todo listo, todo perfecto. Para vivirlo.

Sin que me diera cuenta, me besó.
Y toda la comida aún espera en Vía del Campo, en esta Isla de los hambrientos.

Cartas de la Isla VI

Hoy es un día especial. Y ficciones hay muchas, hoy tenemos demasiadas, y la que ha caído, ha sido por azar.

-Tal vez haya realmente comienzos y finales-dije en voz alta pero débil.
Esto podría ser un comienzo. Cumplir años en Santorini, Grecia. Imaginarme una vida distinta. Hacer planes. Cambiar la orientación de mis dibujos, exponerlos, editarlos quizás. Cortarme el pelo, usar lentes de contacto. Comprar una casa bien grande... ser... con un enfurruñamiento general en la cara por la estupidez de la existencia, mostrar mi felicidad brutalmente, una felicidad televisada como un asesinato, lleno de ruido y furia. (...) No debía resignarme a ser esta persona solitaria que veía cosas raras. (...) Yo tenía mi mesa, mi silla, mi taza de café y mis dibujos, me había hecho un lugar, una isla entro de otra isla. El tiempo empezaba a correr en redondo. Cuando salgas de viaje hacia Itaca, pide que tu camino sea largo...

Vlady Kociancich, El Templo de las Mujeres

sábado, 25 de abril de 2009

Ayer por la noche en Radio Isla y (auto)Pubblicità

y me disculpará mi socio el retraso, pero estaba yo cuidando de mi otro negocio, que entre esto y aquello lo tenía abandonado: (http://www.parassitas.blogspot.com/ - y enamórense)
así que ya es de día y es preciso matar dos pájaros de un tiro.

Ayer por la noche en Radio Isla:

La Musa de Espronceda
http://www.youtube.com/watch?v=lqSKVv6YO8g

y mañana vendré con un cigarro...
http://www.youtube.com/watch?v=BM12OLCpCYY&feature=related

Capítulo 7
http://www.youtube.com/watch?v=SjSqLWlxI2w

a vos y a la segunda palabra que más te gusta (tras luna):
http://www.youtube.com/watch?v=7tdMP5i3Cj0

y a mirubia, que espero que me sonría:
http://www.youtube.com/watch?v=3avTjvYip5E

Revoloteando...

Tostas de solomillo con cebolla confitada y Calabacines rebozados

A los náufragos nos chifla chuparnos los dedos. Esta debe ser la tercera o cuarta vez que lo decimos, y si supiéramos contar más...

Así que imagínense que a la derecha tienen a las Meninas de Velázquez en posición espectante, a la izquierda una infinidad de árboles y plantas vestidos con vaqueros lila, taconazo y maquillage. Hace falta poco para romper las reglas de un encuentro.

El barrio es un laberinto de cuestas letradas con pingüines en cada esquina; fuman, gritan, y yo sólo te puedo mirar a los ojos: cuánta tranquilidad en tan sólo dos gotitas de té. Y tras rozarte el dorso de la mano derecha, pedí al viento que pasara por tu pelo beat, al que sólo tienes que dejar crecer.

La Musa de Espronceda nos acogió entre sus brazos, linda como es ella, cuánto tiempo sin ni siquiera verla, ¿no? 7 años son muchos, puede que ni la reconozcas. Y nos sentamos los tres, me ocupé de mi vino afrutado, de tu cañita y de su aire sentado en una silla con el respaldo roto.

Alguien, a escondidas, decidió azucarar las tiritas de cebolla, supongo que a fuego lento (que es como mejor salen las cosas), supongo que removiendo: hay que observar detenidamente, como si fuera un cuadro de Goya, cómo la cebolla se derrite con el fuego y la dulzura, se empapa y se enferma de diabetis. Por otro lado, hay que cortar el solomillo en lonchas gordotas e irregulares, pequeñas para que permita el bocado único; dejarlo a media cocción entre tomillo, pimienta blanca y semillas de sésamo. Y por último, hay que coger pan salpicado de pasas y tostarlo.
Un montadito de solomillo con cebolla confitada es lo que se necesita para acompañar un blanco (aunque no haya pescado, pues sí). O dos. Y si cuando das el primer mordisco todo se desmorona, hay que pasar a comer con las manos, recoger lo que se cae desmayado, como un beso a la bella durmiente.
Y si por otro lado nos llega una fuente de calabacines rebozados finemente, pues me ocuparé de cortarlos por la mitad y de que los cuartos de luna se multipliquen para que me veas más bella. Tú más, susurró la Musa pasando por la reja.

Todo lo que sube baja, dice el refrán. Y en la bajada nos encontramos con la inquilina del piso de arriba, que nos invitó a otro vino y asistió al espectáculo más lindo de la tierra: bailando en la huerta, pisando las alcachofas, las zanahorias, los pimientos rojos. La inteligencia es una enfermedad de temporada.

Aún no entiendo por qué te reiste cuando pronuncié la palabra plexiglas. A mí me parece tan técnica, tan precisa, tan mía. Así como empatía lingüística, y no eres el único que se sorprende conmigo.

Pero yo sí soy la única que se sorprende contigo.

jueves, 23 de abril de 2009

Houston, we have a problem


Tenemos un problema, socio: la Isla se está rebelando.

Ella también quiere escribir de lo que come, y está cansada de que no sepamos ni contar (yo por lo menos hasta 4, pero vos...). También dice que somos unos inquilinos desarraigados: se queja de que estemos jugando todo el día a desentendernos, poner música e inventar historias sobre ella. Amenaza con decir toda la verdad. Los anillos, de los testigos, de la marcha, las flores... cómo hacemos socio? Hasta me dijo que iba a publicar fotos nuestras y desvelar el secreto.

Y sabés por qué se enfadó también? Por el Tesoro, ese que le robé para regalártelo a vos y... te dije que tenías que devolvérselo pero entiendo que no me hiciste mucho caso y te lo llevaste. Ya sé que era muy lindo con su metal celeste y flores blancas, y sé que lo que encerraba era mucho más de lo que allí yacía. Dice que lo quiere de vuelta, pues se siente sola sin ello y ya no puede cocinar.

Ah! También me contó que basta ya de robarle los libros y usar gajos de manual aquí dentro. Que ella los necesita para quedarse sopa por la noche.

Nos ha salido mandona, la niña. No quiero saber a quién se parece.

Cuando vi que la estábamos molestando tanto, entendí que teníamos que irnos y empecé a recoger toda las telas de palabras con las que, juntos y día tras días, estuvimos decorándola. Me daba mucha pena, pero me pareció menester.
Cuando se vio desnuda, frente al único espejo que pensaba dejarle como compañía, se puso seria y algo llorona. Finalmente me dijo que tampoco éramos tan mal como pensaba.
Y decidió escribir todo esto que acabás de leer.

martes, 21 de abril de 2009

Ensalada Inquilina y Tosta de Salmón con Roquefort

a Tito, buon compleanno

Quizás fue ese vino peleón que saqué de la taquilla roja para celebrar tu 22 cumpleaños con el típico día de retraso (no hay cumple que no termine con felicitaciones del día siguiente). El caso es que me animé, me animaste, me animó, y salimos a conjugar verbos girondinos y a compartir mesa, cuentos, historias, secretos, pasados, padres, viajes, islas, Freud, tetris, elecciones. Estaban con nosotros José, Amparo, Joaquín, el Cigala del Cardamomo... y aquellos bichos de hierro enrojecido que se subían por las paredes.

Fue fácil coger un plato blanco y cuadrado y echarle espinacas. No recuerdo quién cortó esa rueda de queso de cabra, pero supongo que la pusiste a brasear sobre mi espalda, que se había encendido tras frotarla contra la pared riveteada de vino (el azufre es lo que tiene: facilidad para quemarse y color de especia marroquí). Yo corté el bacon en ladrillitos, mientras mi boca se ponía siempre más roja. Recuerda ese cuadro de Alex Katz en la cuarta planta del reinasof a la que no llegaste porque quisiste vivir la mentira del Guernika. Y cogiste unos cherry, los partiste en dos mientras subías al 4º piso de mi edificio en un ascensor transparente.

Madrid puede ser tuya si la miras desde mi ventanita.

Cogimos el aceite a 4 manos y 4 granitos de sal nomás, con 4 cuchillos estuvimos cortando y contigo aprendí a contar hasta 4 (Salgorda: ya te enseñaré).

Y entonces llegó ella, la reina de las tostadas, con su cadáver de salmón rosado esparcido de eneldo y pimienta negra, y esa nuez de roquefort sobre la que escribí tu nombre sin que te dieras cuenta. Se subseguían las charlas y se acortaba la distancia sobre el mantel de manzanas de plástico.

Qué acertado fue volver a los '80, cuando tú naciste y yo tenía apenas un añito. Aunque ese mojito no tuviera nada de cubano y tú lo estuvieras flipando, coctelero. Recordé el MACBA y la última película de Woody. Cuántas veces más tendríamos que entrar en cinetube para ver a Brad y Julia, mientras te quedabas dormido sobre mi cicatriz.

No recuerdo cuántos chupitos me diste de beber. Pero me encantaron sus colores.
Saludamos a las margaritas, a los bordes, a los raros, a las alemanas, a tus hermanos, a Marta, a Diego, a Sonia, a Gloria (sui tuoi fianchi), y a todos aquellos con quienes cantamos y de los que ahora no recuerdo el nombre.

Corramos un tupido velo sobre mi performance con el tobogán.
Los moratones suelen tardar un rato en irse, pues son los rastros de las caídas en forma de flor.

http://www.youtube.com/watch?v=Mm1gBuEr7bk&feature=related